Subastaron por 190 millones de dólares el icónico edificio Flatiron de Nueva York
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Subastaron por 190 millones de dólares el icónico edificio Flatiron de Nueva York

Luego de cuatro años de disputa entre los propietarios del edificio, fue comprado por 190 millones de dólares por el inversor Jacob Garlick.

El Flatiron, uno de los edificios más reconocidos de Manhattan, fue vendido en una subasta por 190 millones de dólares el pasado 22 de marzo, poniendo fin a una larga disputa entre sus propietarios, que lo tenían vacío desde el año 2019.

En el 2021, cuatro empresas inmobiliarias (GFP Real Estate, Newmark, ABS Real Estate Partners, y Sorgente Group), propietarias del 75% del edificio, interpusieron una demanda para solicitar la venta, al no conseguir ponerse de acuerdo con Nathan Silverstein, propietario mayoritario, con el 25% del inmueble a su nombre.

Finalmente un juez del Tribunal Supremo del Estado autorizó la subasta, que tuvo como protagonistas a dos empresarios: Jacob Garlick, socio fundador del fondo especializado en operaciones de inversión, Abraham Trust y Jeffrey Gural, copropietario del Flatiron, de la empresa GFP Real Estate.

Un gran número de espectadores, tanto del sector inmobiliario como fanáticos de la arquitectura, acudieron a presenciar este histórico evento.

La puja duró 45 minutos, durante los cuales los dos magnates iban subiendo el precio del adversario de medio en medio millón.

Finalmente venció Jacob Garlick. Quien manifestó: “Ha sido el sueño de mi vida, desde que tenía 14 años. Trabajé todos los días de mi vida para estar en esta posición”. Y agregó: “Nos sentimos honrados de ser administradores de este edificio histórico, y la misión de nuestra vida será preservar su integridad para siempre”.

Un ícono neoyorquino

El Flatiron, originalmente llamado edificio Fuller, fue uno de los primeros rascacielos de la ciudad, inaugurado en 1902.

Fue diseñado por el arquitecto de Chicago, Daniel Burnham. Se trata de una construcción triangular de 22 plantas y 86,9 metros de altura, situada en el número 175 de la Quinta Avenida, en la confluencia con Broadway y la Calle 22 Este.

El nombre con el que los neoyorquinos lo bautizaron más tarde – Flat Iron- nace de su forma triangular, que recuerda la de las viejas planchas de hierro fundido.

Destaca por su diseño innovador, que permite que la luz natural ingrese en cada una de las oficinas, algo poco común para la época en la que fue construido.

Sus terrazas escalonadas generan un interesante contraste con la forma angular de la fachada de terracota, creando un efecto visual único.

Desde su inauguración, el Flatiron fue uno de los edificios de oficinas más solicitados en la ciudad y la mayoría de sus inquilinos eran pequeñas y medianas empresas.

En 1959, se instaló la editorial St. Martin’s Press, que luego comenzó a expandirse y a ocupar todo el edificio, alquilando las oficinas que quedaban vacías a medida que otros inquilinos se iban. Para el 2004, su empresa matriz, la británica Macmillan Publishers, había llegado a ocupar las 21 plantas del edificio.

Cuando MacMillan Publishers se trasladó al Equitable Building en 2019, el edificio quedó vacío, permaneciendo así hasta el día de hoy.

El Flatiron también solía ser un punto de encuentro para muchos escritores, que lo consideraban un “rito de iniciación”.

Así lo señaló la escritora de best sellers policíacos, Louise Penny: “Mi vida editorial nació y creció en el Flatiron”. Y agregó que “Detrás de la impresionante y famosa fachada había una madriguera de conejos, algunos dirían nido de ratas. Había libros y archivos apilados por todas partes”.

También ha sido escenario de varias películas, programas de televisión, revistas y carteles publicitarios. Algunas de las películas en las que aparece son: Godzilla (1998), Armageddon (1998), Spiderman (2002) y Otoño en Nueva York (2000).

Subasta de edificio en Nueva York

¿Cuál es el futuro del Flatiron?

Si bien el inversor Jacob Garlick ganó la subasta, aún no abonó la seña de 19 millones para asegurarse la compra.

Las condiciones de la subasta estipulaban que en caso de no aportar el 10% del valor de la venta, el rascacielos pasaba al siguiente postor, Jeffrey Gural.

El copropietario había ofrecido 189,5 millones, pero hasta el momento no ejerció su derecho a compra, según confirmó a la AFP la casa de remates Mannion Auctions, que cree que podría celebrarse una segunda subasta.

La suma que ofreció Garlick había sido considerada excesiva por el propio Gural, que dijo no entender cómo Garlick podía pagar ese dinero por un inmueble vacío y para el que necesitaría otros 100 millones para refaccionarlo.

Peter Axelrod, el árbitro de la subasta, dijo al New York Times: “Sospecho que (Garlick) no tenía el dinero, o se dio cuenta de que ofreció demasiado y decidió no consumar la compra”.

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